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el largo poema del caminar // the long poem of walking

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por Ramiro Aznar Ballarín


En uno de los pasajes de Walkscapes: El andar como práctica estética se dice que “el mundo es un enorme lienzo, el cual es pintado al caminar. Una superficie que no es una página en blanco, sino un histórico y geográfico sedimento en el cual se van añadiendo capas y más capas” [2: 150, énfasis mío]. Desde las pisadas milenarias de dos Australopithecus aferensis en Laetoli (Tanzania) hasta ese “pequello” paso de Neil Amstrong en la Luna en 1969, la Humanidad –y nuestros ancestros homínidos- han escrito la Historia caminando. En las ciudades, la marcha a pie ha sido el modo mayoritario de desplazamiento hasta hace muy poco, constituyendo la base de la movilidad y relaciones urbanas [12]. Pero como se verá la práctica de caminar, de escribir el paisaje urbano con nuestros pies, no es únicamente un modo de moverse a través del tejido urbano.

Uno de los primeros en reconocer las implicaciones del caminar por la ciudad fue la figura del flâneur. El origen de este personaje se remonta al siglo XIX, y es asociado a un lugar determinado, las calles parisinas [17]. Sin lugar a dudas, el mejor análisis sobre el tema lo encontramos en el ensayo de Water Benjamin sobre Charles Baudeliere [Benajamin, 1983, cited in 15]. Por definición, un flâneur es tanto un ocioso, un paseante, como un observador, un detective de la escena urbana [6]. Es una interesante figura pública porque es capaz de resaltar “la centralidad del movimiento en la vida social”, ya que para el lo más importante es el flujo de nuevas experiencias y percepciones que le invaden al andar por el paisaje urbano y entremezclarse entre el gentío [ibid]. Las calles, de acuerdo con los apuntes de Benjamin [1], conducen al paseante a través de un tiempo ya extinto, recuerdos o melodías de un pasado alternativo. Por consiguiente, se ha argumentado que la práctica de la flânerie no consiste en vagabundear y observar, también supone escribir y transformar el tejido metropolitano [16]. En este contexto, hombres de la época como Engels, Dickens y Mayhew son considerados poetas andantes que intentaron leer la ciudad “ilegible”, y a continuación transformar su caótica y peligrosa narrativa en un texto social integrado, reconocible y ordenado [ibid]. Según lo visto en este párrafo, como Benjamin [1] apunta, las ciudades son vastos depósitos de historia que pueden ser leídos como un libro si se cuenta con un código apropiado.



Según Walter Benjamin la ciudad puede ser entendida como un texto. De este modo se pude argumentar que lo que está escrito se corresponde con la realidad urbana, y por tanto, sus innumerables palabras pueden ser entendidas como miles de puertas –que sirven tanto como entrada como de salida- [Frisby, 1994: 100, citado en 6]. Como consecuencia la flânerie es un método de lectura, de interpretación de señales, huellas, signos, vestigios… dejados en el pavimento urbano, pero también es un medio para escribir, para construir y producir ciudad  [6] (vía la ciudad viva). // According to Walter Benjamin, “the text is a city”. “That which is written is like a city, to which the words are thousand gateways” [Frisby, 1994: 100, cited in 6]. The flânerie is therefore a method of reading texts, for interpreting the traces of the metropolis, but it is also a method of writing, of producing and constructing texts [6] (via la ciudad viva).

La llegada del siglo XX supuso la (casi) extinción del flâneur del nicho urbano debido a dos factores principales. Por un lado la reducción del espacio público urbano, y por otro, el auge del tráfico y del automóvil privado [6]. Como consecuencia este investigador de la ciudad fue progresivamente sustituido por el voyeur de escaparates [ibid], por un auténtico mallrat. Un consumidor ávido por mezclarse entre la multitud y los maniquís [Falk & Campbell, 1997, citado en 6].

En estos últimos años, al mismo tiempo que la ciudad del texto es reemplazada por la ciudad del link, un nuevo explorador esta vez electrónico se desplaza por las avenidas de Internet. Como auguraba Verilio [1997, citado en 6], “la pantalla del ordenador se ha convertido en la plaza mayor”. Hoy en día, de hecho, las redes de información digital pueden considerarse tan esenciales como los callejeros urbanos [9]. Diversos autores apuntan dos diferencias principales entre este flâneur electrónico y el convencional de hace dos siglos. La primera reside en la velocidad y la movilidad. Mientras que el flâneur parisino recorre las calles de forma continua, pausada, y en su errar como mucho podría visitar un número reducido de calles, su versión moderna se mueve de forma rápida y puntuada, gracias a “saltos” entre calles e incluso ciudades [6]. Esta “híper-movilidad” se conoce como navegación o surfeo de la red, y se consigue gracias a la naturaleza híper-conectada de la red [ibid]. El segundo contraste esta basado en la escala del universo que ambos flâneur habitan. Por un lado, la actividad del flâneur convencional estaba limitada por los edificios, las calles y por algunas barreras socio-culturales. En cambio, el “datascape” del presente tiene multitud de capas, casi infinitas [ibid], aunque también presenta en su geografía de accesibilidad un creciente número de obstáculos, culturales, físicos y socio-políticos [9].



El acceso a este nuevo espacio digital urbano se está configurando de una forma muy parecida al de la ciudad convencional. De hecho, en la actualidad no podemos encontrar en la red plazas, forums, lobbies, barreras, puertas, cerraduras y clubs privados [9: 59] (via Google Images). // “Now, as cyberspace cities emerge, a similar framework of distinctions and expectations is being constructed, and electronic plazas, forums, lobbies, walls, doors, locks, memebers-only clubs, and private rooms are being invented and deployed” [9: 59] (via Google Images).

En los 50, el flâneurismo deja paso a otra exploración urbana conocida como deriva (“dérive”) desarrollado por los miembros de la Internacional Situacionista. Este movimiento fue el sucesor natural de la “visita” dadaísta y la “deambulación” surrealista [2]. A través de la deriva urbana los situacionistas trataban de construir situaciones por las cuales “desnudar” la ciudad convencional, y de esta forma, construir territorios lúdicos, patios de recreo "donde poder vivir colectivamente y en el cual experimentar comportamientos alternativos” [ibid]. Al contrario que los surrealistas, Guy Debord y compañía aceptaban el azar pero no basaban la deriva principalmente en él [2]. Con unas pocas reglas pretendían abrir posibilidades en estado latente a través de la intervención, la apropiación y el desciframiento del paisaje urbano [4]. Los situacionistas representaban las derivas a través de “mapas psicogeográficos” en los que ilustraban los flujos de experiencias y vivencias [ibid].

Guiando nuestros pasos a otro tema, el hecho de caminar es reconocido como una práctica de participación humana llevada a cabo simbólica y físicamente, la cual se puede entender como una exploración estética [ibid]. Phillips [10] explica que el caminar ha atraído a multitud de (anti) artistas por su inacabada naturaleza basada principalmente en el proceso y no el el propósito. Además ofrece una manera de escribir sobre el paisaje tanto natural como artificial sin prácticamente restricciones. Como dice Roelstraete [13:12-15] en su libro sobre la obra de Richard Long, A line made by walking (1967), “andar es un medio a través del cual se puede construir mundo pero a la vez poderlo habitar”, “medir e incluso apropiarse de él”. Como dirían otros caminar puede entenderse como una manera radicalmente diferente, mucho más democrática de experimentar la ciudad. Esta tendencia artística ha sobrepasado fronteras, autores como Ulay, Wodiczko, Muller, Cardiff, Tiravanija y el propio Long llevan años creando arte a partir del acto humano más ordinario, andar, de esta forma su obra se añade a ese largo poema que son las mitologías del andar como la peregrinación, las diásporas, y los mencionados flâneurismos y derivas situacionistas [10]. 


A line made by walking (Richard Long, 1967). “Andar puede considerarse como una acción artística, y por tanto, una línea creada al caminar podría ser una obra de arte” [13: 5] (vía National Galleries of Scotland). // A line made by walking (Richard Long, 1967). “Walking could be art, and that a line made by walking could be an artwork” [13: 5] (via National Galleries of Scotland).

Todas estas corrientes culturales basados en la experimentación de la ciudad o el paisaje en general a través del caminar se encuentran en clara oposición a lo que se ha llamado la visión divina [3], la mirada panóptica [5] o más recientemente la visión “zenithal” [4], la cual la urbe es observada y analizada a través de los cristales de la ventana del último piso del más alto rascacielos. La marcha a pie y la reflexión generados durante los paseos urbanos entonces contribuye al denominado contradiscurso urbano [14]. En este marco, Barthes [1982, citado en 7; 14] puntualiza que la ciudad sólo puede comprenderse enteramente de una forma etnográfica, es decir, caminándola, observándola de cerca, usándola… Wilson [1991, citado en 11] argumenta que al caminar los espacios urbano invocan recuerdos, un proceso al que Proust denominó “memoria involuntaria”. Muchos académicos han apoyado esta tesis, Steve Pile [1997, citado en 11] por ejemplo, comenta que el andar permite viajar espacial y temporalmente. Para él, cada ángulo, cada nueva experiencia callejera, puede producir tanto una serie de flashbacks y flashforwards junto con realidades presentes. Además del componente psicológico del espacio urbano, la ciudad también se encuentra definida por su ritmo urbano [8]. Como Highmore [2005: 141, citado en 8] resalta, “el ritmo de paso es un ingrediente vital en cualquier experiencia urbana, sin importar lo rápido o lento que este sea”. De hecho, la relación entre el tiempo y la práctica de caminar es no sólo la del tic-tac del reloj, sino que está constituida por múltiples y complejas temporalidades a través de las cuales los ciudadanos experimentan sus trayectos [8: 1958].

De Certau alienta a los viandantes a producir sus propios textos urbanos, a construir y ocupar el espacio urbano de las maneras más extrañas e inventivas posibles, para así, permitir desbloquear posibilidades anteriormente latentes, durmientes, con las que jugar a proyectar, representar la ciudad [14], algo que recuerda mucho al título de una de las primeras entradas de este blog: sembrar nuestras calles con potencial. En esta misma línea argumental, Phillips [10] escribe que caminar es una actividad que abre horizontes para la exploración urbana pero que al mismo modo, consigue demostrar las limitaciones del paisaje urbano cotidiano. Entonces, quedándonos con la parte positiva, se podría decir que “el discurso del caminante urbano crea historias, inventa espacios, y abre las puertas de la ciudad, inundando la superficie urbana con una miríada de posibilidades tanto realizables como irrealizables, desencadenando un flujo de sentimientos y experiencias olvidadas tiempo atrás”.





naturaleza urbana al alcance de todos // access to urban openspace & greenspace

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por Ramiro Aznar Ballarín


David Harvey y Ray Pahl fueron los primeros geógrafos urbanos en apuntar la estrecha relación entre la distribución de los recursos y servicios públicos y lo que se denomina la justicia social en las ciudades contemporáneas [8, 16]. Ambos autores estaban interesados en la estructura urbana y el planeamiento urbanístico, los cuales generalmente crean tanto limitaciones espaciales como sociales respecto a las oportunidades para acceder a servicios como la educación, la seguridad social, el trabajo o la vivienda.


Uno de estos recursos urbanos que está empezando a recibir cada vez más atención es el tema del acceso a zonas verdes o de recreo, ya que con el paso del tiempo los ciudadanos de las grandes ciudades se han visto cada vez más aisladas de la naturaleza en todas sus formas [19]. En este sentido, existe una creciente literatura académica que resalta la importancia que reside en poder estar en contacto con “lo verde”. Parques, jardines, huertos y otras zonas verdes pueden representar un importante papel a la hora de mejorar la calidad de vida de sus comunidades urbanas [2, 3].



Dos niños jugando en el Parque de las Balsas. // Two children playing in the Balsas Park.

Por un lado, se ha argumentado que el poder disfrutar de tener acceso a una zona verde cerca de tu lugar de residencia tiene beneficios psicológicos y relacionados con la salud [11]. Entre estos últimos podemos encontrar que los pacientes  con vistas a paisajes naturales se recuperan más rápido de un postoperatorio, también se ha testado que andar por la naturaleza induce un estado mental positivo, y más importante (debido al estilo de vida urbana que llevamos), estar en contacto con la naturaleza reduce el estrés [2, 7, 10, 16]. La naturaleza urbana también es capaz de generar beneficios sociales como promover la integración social y la cohesión de comunidad [4, 20]. Muchos de estos efectos positivos provienen de lo que se han denominado servicios ecosistémicos [1], tales como mejorar el microclima urbano [15], reducir el ruido y la contaminación ambiental [5, 17], y por último, permitir disfrutar de los valores que presenta la biodiversidad urbana [17].

Pero por otro lado, se ha demostrado que los espacios verdes no siempre actúan como válvulas de escape en las sociedades urbanas [14]. De hecho, estas entidades urbanas son considerados sistemas altamente complejos y dinámicos [22] cuyo funcionamiento depende de sus propiedades intrínsecas, pero también de los contextos sociales, espaciales y temporales en los que están enmarcados [12]. Una buena buena definición podría sacarse a través de una mezcla de Hemingway y Jacobs: los parques y plazas no son islas, completas en sí mismas, estos espacios son pedazos del continente urbano al que pertenecen. Las zonas verdes, por tanto, como otras entidades urbanas, actúan y funcionan en relación a fuerzas mucho mayores originadas a nivel de calle, vecindario, distrito e incluso de la propia ciudad [6, 18].

Entradas y páginas webs relacionadas:


Mapa de acceso a los servicios públicos
Mapa de las zonas verdes y plazas
Album de fotos de las zonas verdes, plazas y ribera de Zuera en Flickr


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    calles con libertad de movimiento // open-mobility streets

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    por Ramiro Aznar Ballarín

    Todos deberíamos poder participar en el ballet de la calle: hombres, mujeres, niños, mayores y por supuesto, también personas con movilidad reducida. Nuestras coreografías, por tanto, deberían incluir todo tipo de movimientos. En este sentido, se debe pasar de un urbanismo unidireccional donde a los ciudadanos se nos obliga a transitar por un recorrido predeterminado, a otro con libertad de movimiento, en cual este último es entendido como “una realidad caótica, impredecible, diversa y mutable” [1]. En teoría, tanto la movilidad es un derecho que debería potenciarse en las calles, ya que es una propiedad inherentemente buena, una práctica que significa tanto un fin en sí misma, pero también, un medio para alcanzar un fin, y por tanto, una llave que abre multitud de oportunidades [2].

    Abuelos jugando a la petanca en la plaza de la Telefónica de Zuera. // Old men playing “petanca” in the so-called Telefónica square of Zuera. [photo by Ramiro Aznar Ballarín]

    El problema es que hoy en día la mayoría de nuestras calles se han convertido en carreras de obstáculos [3], especialmente para las personas mayores o las que presentan alguna discapacidad [4]. Estas trabas o impedimentos están generadas tanto por barreras físicas o arquitectónicas como sociales [10], pero como Massey [5] apunta, “lo social y lo espacial están mutuamente entrelazados”, y por consiguiente, el espacio debe ser entendido como “un importante constituyente de los procesos socio-espaciales y culturales” que se dan en las ciudades. De esta manera la geografía urbana puede ser entendida como un conjunto de “espacios producidos” o “espacios de poder” [6], entonces ciertas calles de Zuera podrían ser ejemplos de “microgeografías de exclusión o discapacidad” [7, 9], es decir “diseños apartheids” [9] en los cuales personas con diversas discapacitadas quedarían excluidas social y físicamente.

    Para muchas personas discapacitadas, el acceso a ciertos lugares es una parte fundamental del cómo se ven reconocidos e identificados en su vida diaria [3]. Por esta razón, los diseños de calles con poca “accesibilidad” podrían tildarse como símbolos de opresión social al limitar la capacidad de este sector de la población para participar de forma completa en la vida urbana [10]. Estos paisajes “discapacitantes” derivan de la concepción histórica que los arquitectos e ingenieros de nuestros edificios y calles tienen del cuerpo humano, ya que la mayoría de las teorías y prácticas arquitectónicas más importantes fallan al no reconocer la diversidad física y psicológica de las personas [11].

    El hombre de Vitruvio (Da Vinci, 1487) es el ejemplo por excelencia del hombre como medida de Dios, y precursor de la concepción en arquitectura del “cuerpo normal”, en el que “el cuerpo es entendido como un perfecto microcosmos, y por tanto, su figura debía utilizarse para diseñar la realidad acorde a su composición, proporción y harmonía” [6]. Lefebvre, por el contrario, rechazaba esta racionalidad cartesiana ya que se olvida tanto de la diversidad del cuerpo como del contexto que lo rodea, “los cuerpos se parecen entre sí, pero las diferencias que mantienen son más acusadas que sus similitudes” [6, 11]. [vía pacogonzalez] // The Vitruvius Man (Da Vinci, 1487) is the best example of the human measure and scale of God, and the precursor of the architecture’s conception of the “normal body”, in which “the body was conceived of as a perfect microcosm, or as the figural basis by which to design with compositional, proportional and harmonic authority” [6]. Lefebvre, by contrast, rejects this Cartesian rationality as “narrow and desiccated” due to the fact that it neglects both the diversity of human bodies and the context where they live, “bodies resemble each other, but the differences between them are more striking than the similarities” [6, 11]. [via pacogonzalez]

    Por el contrario, poco a poco tanto académicos como profesionales están abogando por una “arquitectura sensible a la diversidad humana” [6, 11, 12, 13, 14]. De acuerdo con Imrie [11], ésta debe ser reflexiva y de “mente abierta", sin bordes, límites ni limitaciones, sensible a todas las diferentes “corporalidades” humanas. Dicho autor esgrime que “lo social” debería ser el punto de palanca en el cual apoyar el diseño de nuestras ciudades y las prácticas y políticas urbanas, un punto “donde la estética y la práctica, el sujeto y el objeto, y el cuerpo y la mente puedan encontrarse". Como resultado esto obliga no sólo a reparar el diseño de las calles y su urbanismo, sino también ha incorporar las denominadas “voces de los discapacitados” en los procesos de toma de decisiones que tengan relación con su rutina urbana [15].

    De acuerdo con todo lo dicho en los párrafos anteriores, si se pretende mejorar la calidad de las calles de Zuera y por tanto la calidad de vida de sus habitantes, es necesario llevar a cabo dos actuaciones complementarias. La primera, básica, sería resolver los problemas asociados al paisaje físico de aquellas calles que no promuevan la libertad de movimientos, y en segundo lugar, se tendrán en cuanta las necesidades de un diversidad humana presente en las calles a través de procesos de participación ciudadana, en los cuales se potencie los “derechos de los diferentes” [16].



    la importancia del paisaje urbano en el caminar // the importance of the urban environment for walking

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    por Ramiro Aznar Ballarín

    Después de pasar las últimas semanas recorriendo las calles de Zuera y sumergido en la bibliografía sobre el andar en la ciudad, he visto necesario crear un índice de peatonalidad (aunque la traducción literal sería de "andabilidad") para cartografiar el "walkscape" del pueblo. Para lograr esto será esencial seleccionar los componentes adecuados en función de los objetivos del trabajo.

    Se ha demostrado que el ambiente urbano y natural puede afectar directamente sobre el funcionamiento de ciertas actividades humanas [32]. De hecho, andar, es la actividad cotidiana más generalizada en el mundo adulto, y es que, de acuerdo con varios autores andar puede generar beneficios económicos, sociales, físicos y también mentales [3, 13, 16, 22, 23, 39]. Algunos trabajos han argumentado que existe una clara relación entre ciertas variables ambientales percibidas por el individuo y el proceso de andar [4, 9, 20], pero también variables objetivas de la escena urbana calculadas empíricamente [10, 21, 31]. En este sentido, científicos urbanos y urbanistas han creado el término "walkability" (la citada andabilidad), una medida de la idoneidad o potencial de un vecindario o ciudad para andar por él. Por tanto la andabilidad de una comunidad puede ser entendida como "la capacidad de su ambiente urbano y usos para mantener (o no) procesos peatonales como hacer ejercicio, acceder a zonas de recreo o servicios públicos, y ir andando al trabajo" [21: 113]. Como componentes de este índice se han sugerido multitud de parámetros presentes en nuestras calles y ciudades. Con la vista puesta en los objetivos del proyecto he dividido los encontrados en la numerosa bibliografía en tres categorías:

    Percepciones y sentimientos
    -Seguridad vial y personal, y temores [1, 2, 4, 7, 11, 16, 18, 31, 33].
    -Disposición de las calles para la actividad [4, 9, 11, 12, 16, 31].

    Diseño de la ciudad y características del barrio
    - Estructura y conectividad del callejero [4, 5, 17, 22, 24, 26, 29, 31, 37].
    - Diversidad de usos [4, 12, 14, 15, 16, 17, 21, 22, 27, 29, 31, 37].
    - Densidad residencial [4, 15, 19, 21, 24, 26, 27, 29, 31].
    - Forma y tamaño de las manzanas [12, 14, 18, 24, 26, 27, 37].

    Características de las calles
    -Continuidad peatonal [6, 7, 19, 24, 29, 31, 37].
    -Características de las aceras [8, 14, 18, 29, 38].
    -Topografía [8, 14, 30].
    -Tráfico y aparcamientos [4, 14, 18, 19, 25, 27, 28, 29, 34, 35, 36].

    El primer grupo de variables conforman la categoría relacionada con las percepciones humanas, sentimientos y preocupaciones de los ciudadanos sobre el medio urbano. Estos factores sociales que van desde la estética del barrio a otros aspectos como la complejidad o la transparencia del entramado de calles son mu difíciles de medir, pero sin embargo, son esenciales para el entendimiento del funcionamiento y vida de las calles de una villa o de una gran ciudad. En este trabajo estas variables se espera que surjan a través de las narrativas espaciales que puedan resaltar las organizaciones ciudadanas en los procesos de participación. El segundo y tercer grupo se centra en algo completamente diferente, los elementos físicos de la escena urbana. El primero está subdividido en dos secciones. La primera son las variables que definen el diseño del callejero urbano, tales como el número de intersecciones y fondos de saco, factores que se sabe que condicionan la disposición de caminar por un barrio. La segunda por otro lado, son factores que caracterizan la demografía y los usos de la comunidad. Aquí podemos encontrar parámetros tan importantes para fomentar el caminar de los residentes en sus vecindarios como la densidad poblacional. Aunque se conoce que tanto éste como el resto de factores anteriormente comentados son importantes a la hora determinar la idoneidad de un entorno urbano para el proceso de caminar, se ha decidido incidir en el siguiente grupo.

    La calle Mayor es un buen ejemplo de calle con diversidad de usos (bancos, carnierías, panaderías, estancos...) donde la gente se mueve andando de un establecimiento a otro. // A good example of land-use mix street (with banks, butchery, bakeries, cigar stores...) can be found in Calle Mayor where the residents walk from one place to another [photo by Ramiro Aznar Ballarín].

    Por último me dejo el grupo de variables más importantes e interesantes para los objetivos del blog y por tanto del trabajo, la categoría que agrupa los parámetros que caracterizan nuestras calles, y más concretamente la naturaleza de sus superficies. Desde las barreras físicas que impiden andar por las aceras hasta la dominancia de nuestros coches en el paisaje urbano son estos los factores que van a ser cartografiados. En las siguientes entradas intentaré describir las variables elegidas para el estudio, y la metodología que se empleará para analizarlas y por último representarlas. Esta representación cartográfica como ya se ha dicho en más de una ocasión aquí pretender enseñar un paisaje de posibilidades, las cuales deben ser rellenadas por el proceso de participación que se llevará a cabo más adelante.

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    numbers, figures and graphs // cifras, figuras y gráficos

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    por Ramiro Aznar Ballarín


    El municipio de Zuera tiene 7.427 habitantes [1], y como se puede observar en el siguiente gráfico (a), la mayoría están concentrados en el núcleo poblacional que lleva el mismo nombre. En cuanto a su tendencia, la población de Zuera ha ido aumentando progresivamente desde comienzos del siglo pasado (b). De especial importancia es la reciente llegada de inmigrantes desde países de Europa del Este -Rumanía y Polonia principalmente- de Europa buscando oportunidades laborales, principalmente en el sector de la construcción, debido a su desproporcionado desarrollo y a las obras que acarrearon la exposición internacional realizada en Zaragoza en 2008. El último gráfico de la sección muestra la estructura de la población (c), del cual se puede obtener que la edad media del municipio es de 40,4 años, la tasa de feminidad de 91,5 y que el 16,5 % de los residentes tienen 65 o más años.


    Relación de unidades poblacionales (a), evolución de la población (b), y estructura de población (c). // Relationship of poblational units (a), population evolution (b), and demographic structure (d).

    Según los datos de 2001, el municipio presenta 2,344 trabajadores y 299 estudiantes, de los cuales una gran proporción lo hace en la capital y ciudad más cercana, Zaragoza. Por otro lado, los datos del año pasado muestran que los trabajos más numerosos son los funcionarios, seguidos por la industria (alimentación, química, fabricación...), la construcción, la agricultura y ganadería, y el comercio. El número de desempleados ha subido de forma drástica en los dos últimos años (a), siendo la construcción uno de los sectores más afectados debido a la crisis inmobiliaria, obligando a volver a sus países de origen a muchos inmigrantes residentes en la localidad. Por último, me gustaría resaltar la evolución del número de vehículos en nuestro pueblo, la cual ha tenido un claro signo positivo en la última docena de años (b). 


    Evolución del paro medio anual (a), y evolución del número de turismos (b). // Annual average unemployment evolution (a), and evolution of the number of cars (b).